Francisco Gabriel Baten Ajtún, tiene 48 años, nació en el Caserío San José Sigüilá, aldea Xequemeyá del municipio de Momostenango, en Totonicapán. Sus padres fueron agricultores; Francisco recuerda cómo desde muy pequeño su padre le enseñó a cultivar maíz y frijol que luego vendían en los mercados cercanos. Debido a lo inestable del precio del frijol en ese momento, su hermano decidió hacer un préstamo y comprar un camión para hacer fletes y obtener un dinero extra; lamentablemente sufrió un terrible accidente; cayendo a un barranco, lo que provocó varios heridos, entre ellos su padre, quien se fracturó el cráneo.

Francisco en aquel entonces era pastor de ovejas y por la tragedia ocurrida su familia tuvo que vender todo lo que tenían para pagar la deuda del camión y ayudar en el cuidado de la salud de su papá. Fue así como Francisco de 11 años y otros 2 hermanos, viajaron a la ciudad de Guatemala a temprana edad y sin saber hablar el castellano, su primer trabajo fue en ventas.

Vendieron ajos, bolsas de plástico tipo gabacha, luego decidieron vender cebollas y limones, pero no se lograba vender todo y el resto se arruinaba, lo que les implicaba perdidas. Poco a poco fueron aprendiendo el castellano y eso ayudó a que tuvieran mejor comunicación con sus clientes, descubrieron que la venta de pasta dental les generaba mejores ganancias, luego incluyeron a sus ventas cepillos, jabón de olor, cremas de cuerpo, entre otros.

Caminando por las calles, hicieron varios amigos con quienes viajaban a otros departamentos, donde vendían estos productos, al día ganaban unos Q61.00, regresaban a comprar más productos y continuaban vendiendo, al mismo tiempo ahorraban lo que podían.

Cuando reunió Q700.00 regresó a su casa para entregarlo a sus papas para el pago de las deudas. Cuando era tiempo de siembra, ayudaba a preparar todo el terreno para poder cultivar y generar así más ingresos económicos para toda la familia. Francisco cuenta “Una mañana que salimos a vender atropellaron a mi hermana, la hospitalizamos durante 4 meses, lo mejor para ella fue regresar a Momostenango”

Luego él y su hermano decidieron vender zapatos, en un local que construyeron en la terminal al cual le llamaron “El Granero”, en ese tiempo se ahorraron el alquiler del cuarto porque se quedaban a dormir allí mismo y así pasaron los años.

A los 24 años, Francisco conoció a Alicia Ramos con quien se casó, tuvo 9 hijos, 4 niños y 5 niñas, con quien regresó a San José Siguilá y como familia se dedicaron a cultivar maíz y frijol, decidiendo continuar con la agricultura y sostener su hogar con las primeras enseñanzas que le dio su padre.

Por otro lado su esposa tenía una tienda en la casa, donde vendían cohetes, bombas y otros artículos pirotécnicos, hasta que un día se inició un incendio y se quemó todo, quedándose sólo con la ropa que tenían puesta; con ayuda de vecinos, Intervida y otros conocidos fueron recuperándose poco a poco.

Luego de este incidente su vida empezó a cambiar, trabajaron en un pequeño terreno, en el que se aventuraron a sembrar arveja china y ejote francés, esto gracias a que algunos proyectos de cooperación comenzaron a trabajar proyectos de desarrollo en el área, fue así como les apoyaron con la instalación de riego, con esto iniciaron la siembra de otra variedad de cultivos.

El ejote francés lo vendía bien pero  cuando llegaron a evaluar el proyecto y las condiciones de producción y distribución de los cultivos, detectaron algunos riegos y decidieron realizar un análisis bioquímico, descubrieron que el agua estaba contaminada y dejaron de venderlo.

Francisco se dio cuenta que asociándose con otros vecinos podría sembrar más y por ende cosechar más, fue así que luego de varias reuniones en su comunidad, se conformó ADICS ( Asociación de Desarrollo Integral Comunitaria) , de la cual Francisco es vicepresidente.

Ahora ya asociados, unieron sus conocimientos en cultivos; sembraron arveja china en una cuerda de terreno donde obtenían entre 4 a 5 quintales los cuales vendían a Q 2.50 la libra,  también sembraron ejote francés de una cuerda obtuvieron 9 quintales cada libra la vendieron a Q3.00. Y en la siembra de tomate de ½ cuerda obtuvieron de 8 a 10 quintales, cada caja de 50 libras la vendieron a Q40.00.

En el año 2008, Don Lucio Baten, integrante de ADICS participó en una reunión que realizó el Grupo Gestor de Momostenango, en donde se propuso apoyarlos en base al tema de Competitividad, motivándolos así a participar de cerca en cada una de las reuniones que tuvieron.

Posterior a ello se realizó un diagnóstico y se evaluó el nivel de potencial. En este diagnóstico se demostró que el área era potencial para cultivar tomate. En 2010 la Red Nacional de Grupos Gestores, inició el trabajo con esta asociación, esto como parte del “Proyecto de Apoyo a la Competitividad de la Región Suroccidental de Guatemala”, financiado por el Fondo Multilateral de Inversiones -FOMIN-, creando un encadenamiento productivo, a quienes se les brindó acompañamiento y asistencia técnica, luego con el apoyo de MERCYCORPS, se les brindó asesoría para implementar tecnologías agrícolas, fue así como iniciaron con la construcción de macro túneles.

Francisco siendo vicepresidente de ADICS y participante activo de la asociación, cuenta que han mejorado sus conocimientos sobre los cultivos, han aprovechado mejor el espacio de sus terrenos. Como beneficiario del proyecto de macró túneles, tan solo de 100 matas de tomate, obtuvo 18 quintales. “Luego con la implementación de tecnología, como la construcción de Casas Mallas, comprobamos que de media cuerda sembrada con este cultivo, obtuvimos de 35 a 50 quintales, los cuales vendimos a Q230.00 el quintal, lo cual nos permite mejorar económicamente y darles a nuestras familias una mejor calidad de vida, pues ahora nuestros alimentos son variados y nuestros hijos pueden ir a la escuela”, Comentó Francisco.

Francisco como beneficiario ha mejorado en un 85% su producción, ya que como dice  “Es mejor trabajar con este tipo de tecnología y no a campo abierto”. Ahora Francisco se dedica a trabajar en su parcela, generando sus propios ingresos, con los que puede financiar el estudio de sus hijos y hacer muchos sueños realidad.